SERIAS LIMITACIONES DEL PODER PAPAL – Primera parte

 

Humberto Raúl Treiyer, Profesor de Historia y  Doctor en Teología

 

¿Limitaciones del Poder Papal?

 

            Admito que el título de esta serie parecería encerrar una insalvable contradicción. En efecto, ¿limitaciones de poder en un sistema político religioso milenario ya, que siempre supo capear  exitosamente los numerosos  temporales que cuestionaron y amenazaron su existencia a lo largo de toda su accidentada historia,? ¿Limitaciones en el accionar de una potencia mundial que cuenta con centenares de millones de adherentes, y que, como exitoso emporio financiero, dispone de recursos ilimitados?

 

            ¿Limitaciones en una Iglesia cuya presencia e influencia se sienten poderosamente en todos los foros internacionales que forjan la política mundial? ¿Limitaciones en una organización  monolítica  que preconiza a nivel planetario, y con notable éxito, una convergencia espiritual, cuyo objetivo, extraordinariamente apelante, es salvar al género humano de peligros y amenazas sin precedentes, que se yerguen inmisericordes en su derrotero, opacando toda esperanza de subsistencia?  Sí, un título como el de esta serie parece anacrónico, ajeno a toda realidad presente.   

 

Francisco I y la Esperanza de Grandes Cambios en el Papado

 

            Es que los gestos amables y las actitudes bondadosas del nuevo Papa, Jorge Mario Bergoglio o Francisco I, tan desusados en un Obispo de Roma, han hecho surgir en los fieles la esperanza de grandes cambios en un futuro más o menos inmediato. Cambios que podrían afectar ¿por qué no?  la rígida estructura administrativa del Vaticano; tal vez también algunas de las centenares de formulaciones dogmáticas del pasado, y hasta los repetidos reclamos del Catolicismo Romano de posesión total, absoluta y exclusiva de la verdad. Esta novedosa y excitante sensación que se va extendiendo por el mundo y pareciera anticipar el amanecer de un nuevo día para una humanidad agobiada tanto por peligros conocidos como imaginados. 

 

            Los nuevos aires que se respiran en Roma, y desde Roma,  también están suscitando notables expectativas en los no católicos, algo así como el advenimiento de un nuevo tiempo, hasta ahora desconocido entre los hombres, tiempo de paz, armonía y de entendimiento entre las naciones y las religiones. Pero si bien podemos compartir todos estos anhelos, la gran pregunta que surge en muchas mentes es si el Papa cuenta con la convicción personal, con la libertad, y con la autoridad suficientes como para efectuar esos cambios. La verdad es que la Historia, con sus testimonios documentales incontrovertibles, compromete muy seriamente cualquier esperanza centrada  en cambios sustanciales del sistema papal.

 

                                         ¿Cómo Interpretar la Historia?

 

            No podemos referirnos a la Historia sin tratar de desentrañar el mensaje que encierran la concatenación de sucesos que la van plasmando. Los intentos de interpretarla, de descubrir la verdadera filosofía de la Historia, han sido numerosos,  todos ellos inobjetables en su sinceridad, pero tristemente desautorizados y negados por la misma Historia. Sin embargo, para quienes creemos en el Dios de la Biblia y de la Historia, los acontecimientos históricos no ocultan el diseño divino de su secuencia. Pero ¿dónde encontrar  la clave, imprescindible por definición, que haga accesibles la identificación y el conocimiento de esa planificación providente de la Historia?

 

            Aquel humilde profeta del Reino de Israel, Amós (siglo VIII a.C.) expresándose por revelación divina, proporcionó esa clave infalible, “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). Ocho siglos más tarde San Pedro hizo aún más explícita esa clave: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19-21).

 

                                     ¿Interpretaciones Privadas? ¿Cómo evitarlas?

 

            La pregunta lógica es ¿cuándo se vuelve “privada”, y por lo tanto viciada de  nulidad, una interpretación profética de la Historia? Cuando desconoce los dos grandes principios de toda correcta interpretación de la profecía, expresados por la misma Biblia, ignorados y pisoteados durante siglos, y vigorosamente resucitados por la Reforma del siglo XV I–el de la Supremacía de la Biblia y el de la Unidad de la Biblia–esto es, permitirle a la Biblia explicarse  a sí misma, sin imponerle categorías que le sean foráneas. 

 

            En palabras del “profeta evangélico”, Isaías: “La palabra, pues, de Jehová les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y presos” (28:13). [Se habían negado a aceptar las claras y sencillas reprensiones divinas, y ahora Dios les hablaría en otro lenguaje, que para ellos les sería como “ lengua de tartamudos, y . . . extraña lengua”  (Isaías 28:11). Por no entenderla, a pesar de que Dios les proporcionaba la clave en los versos 10 y 13, caerían sin esperanza en manos de sus enemigos. 

 

Nota: El santo y seña de la hermenéutica bíblica era expresado así por los reformadores, sola scriptura, “únicamente la Biblia”, y scriptura sacra sui ipsius interpres [o sus variantes,scriptura scripturae interpresscriptura seipsam interpretatur, scriptura scripturam interpretatur, scriptura sui interpres, expresiones todas ellas que insisten en que la Sagrada Escritura es su propio intérprete.  Como tan bellamente lo expresa la Confesión de Westminster (1646): “La regla infalible de interpretación de la  Escritura es la misma Escritura. Por lo tanto, cuando se suscita alguna pregunta acerca del sentido verdadero y pleno de cualquier texto . . . debe ser investigado y comprendido mediante otros pasajes que lo expresan más claramente.”

 

                                   Surgimiento Histórico del Catolicismo Romano

 

            Ya en posesión de la clave, preguntémosle a la Palabra de Dios si todas las esperanzas que despiertan las acciones del nuevo pontífice habrán de concretarse.

 

            El Catolicismo Romano tuvo un comienzo histórico innegable en el siglo IV, en la contaminante alianza forjada entre el emperador Constantino I el Grande (m. 337) y el obispo de Roma Silvestre I (m. 336).

 

            Ese compromiso entre Estado e Iglesia marcó el comienzo de la primera gran apostasía del Cristianismo. La Historia se ha encargado de registrar los abismos de intolerancia religiosa, de extrema maldad y de corrupción moral que resultaron de esa impía alianza, y que segaron cruelmente las vidas de no menos de 50 millones de personas a lo largo de 12 siglos (1.260 años: 538-1798).

 

            “Cuando los cristianos consintieron en unirse con los paganos que sólo se habían convertido a medias, entraron por una senda que les apartó más y más de la verdad. Satanás se alegró mucho de haber logrado engañar a tan crecido número de discípulos de Cristo; luego ejerció aun más su poder sobre ellos y los indujo a perseguir a los que permanecían fieles a Dios. Los que habían sido una vez defensores de la fe cristiana eran los que mejor sabían cómo combatirla, y estos cristianos apóstatas, junto con sus compañeros semipaganos, dirigieron sus ataques contra los puntos más esenciales de las doctrinas de Cristo.”  E. G. White, El Conflicto de los Siglos, 49.

 

            “La mayoría de los cristianos consintieron al fin en arriar su bandera, y se realizó la unión del cristianismo con el paganismo. Aunque los adoradores de los ídolos profesaban haberse convertido y unido con la iglesia, seguían aferrándose a su idolatría, y sólo habían cambiado los objetos de su culto por imágenes de Jesús y hasta de María y de los santos. La levadura de la idolatría, introducida de ese modo en la iglesia, prosiguió su funesta obra. Doctrinas falsas, ritos supersticiosos y ceremonias idolátricas se incorporaron en la fe y en el culto cristiano. Al unirse los discípulos de Cristo con los idólatras, la religión cristiana se corrompió y la iglesia perdió su pureza y su fuerza. Hubo sin embargo creyentes que no se dejaron extraviar por esos engaños y adorando sólo a Dios, se mantuvieron fieles al Autor de la verdad.”  Ibid., 47.

 

Nota: Aquella fue la primera gran apostasía del Cristianismo, que lo alejó completamente de Dios y Su Palabra. La segunda gran apostasía del Cristianismo, la del Protestantismo, está produciéndose precisamente en nuestros días, exactamente como Dios lo anticipó en Su Palabra, y los resultados serán aún peores. “Merced a los dos errores capitales, el de la inmortalidad del alma y el de la santidad del domingo, Satanás prenderá a los hombres en sus redes. Mientras aquél forma la base del espiritismo, éste crea un lazo de simpatía con Roma. Los protestantes de los Estados Unidos serán los primeros en tender las manos a través de un doble abismo al espiritismo y al poder romano; y bajo la influencia de esta triple alianza ese país marchará en las huellas de Roma, pisoteando los derechos de la conciencia.” Conflicto, 645.

 

“Las persecuciones de los protestantes por parte del catolicismo, debido a las cuales la religión de Jesús casi fue aniquilada, serán más que imitadas cuando se unan el protestantismo y el papado…” Mensajes Selectos, 442.

 

 

 

                                               Las Profecías Bíblicas y el Colapso del Sistema

 

            Luego de repasar, muy brevemente por cierto, el surgimiento de la apostasía papal, corresponde preguntarnos si las profecías bíblicas anticipan algún desenlace¿Recordamos Daniel 2 y el sueño de Nabucodonosor II en aquella madrugada del año 602 a.C.? Los símbolos son solamente dos, la estatua y la Roca. El 4to. Imperio Universal, Roma, representado por las piernas de hierro, llegó a su fin en el año 476.

            Comenzó entonces el período final de la historia humana, el de los pies de la estatua, de una mezcla absurda de hierro y cerámica. El hierro, la continuación del Imperio Romano pagano en el Imperio Romano presuntamente cristiano–es decir el poder religioso, el barro o cerámica, el poder político.  La Roca dará contra el débil fundamento representado por esos pies, pulverizándolos juntamente con la estatua metálica.

            No hay permanencia en la estatua, ni tampoco lo habrá para aquellos identificados con ella. La permanencia está en la Roca, y el sistema que estamos considerando está en la estatua, no en la Roca.  

Nota: Daniel 2 describe la estatua como constituida de 4 metales, representando los 4 Imperios Universales, a saber: (1)La cabeza de oro, símbolo de Babilonia, imperio que duró 62 años (605-539 a.C.). (2)Los brazos y el torso de plata, representando a Medopersia:208 años (539-331 a.C.). (3)El vientre y los muslos de bronce, el Imperio Greco-Macedónico: 163 años (331-168 a.C.). (4)Las piernas de hierro, Roma: 644 años (168 a.C. – 476 d.C.). (5)Los pies de una mezcla endeble de hierro y barro cocido: Hierro, la apostasía papal; barro: el poder político: unión sin futuro alguno, como no sea, la pulverización de la estatua. “Estabas mirando hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno.  Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra” (Daniel 2:34,35).Comentario aclaratorio: Los cuatro imperios universales no son lo más importante en Daniel 2–lo realmente importante es lo que esos imperios hicieron posible, el surgimiento del 5to. imperio, el de la nueva Roma. Si se los menciona es porque en forma sucesiva fueron perfeccionando el sistema que surgió en Babilonia, y que, ya perfeccionado, fue heredado por el Papado: “ Y el dragón [Satanás] le dio [a la bestia marina, el Papado] su poder y su trono, y grande autoridad [que habían pertenecido al Imperio Romano]” (Apocalipsis 13:2 b).

 

                                                                                    Continuará 

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