Romanos 4

Romanos 4

Comentario por Carlos Perrone

Para acompañar el comentario en video en “Letras de Amor y Fe.”

Entonces, ¿qué fue lo que obtuvo nuestro antepasado Abrahán? El capítulo 4 sigue respondiendo la pregunta que Pablo planteó al comienzo del capítulo 3: “¿qué ventaja tiene el judío?” El resto del capítulo 3 presenta el gran privilegio de haber recibido la palabra de Dios juntamente con el gran despropósito de tenerla y no obedecerla.En este capítulo Pablo presenta la experiencia de fe de Abrahan. Las promesas no les fueron dadas a Abrahán por el mérito de sus obras, sino por haber creído sin vacilar en los méritos de Dios. Y de esa manera su fe le fue contada por justicia. Los judíos se decían hijos de Abrahán, pero no tenían la misma fe que tuvo Abrahán, sino que confiaban en sus propios méritos al guardar la ley. Aunque tenían el claro ejemplo de Abrahán no lo entendían. Todavía pensaban que el patriarca había hecho méritos para ganar las bendiciones de la promesa.
2 Porque si Abrahán hubiera sido justificado por las obras, tendría de qué jactarse, pero no delante de Dios. Si Abrahán hubiera sido tenido por justo por sus obras humanas, habría tenido algo de que gloriarse. Pero él era un hombre pecador y lleno de defectos, como cualquiera de nosotros. ¿Qué podría haber presentado Abrahán delante de Dios que le reportara algún mérito? Es verdad que Abrahán hizo obras buenas y fue un fiel hijo de Dios. Pero sus buenas obras no nacían de su naturaleza humana, sino de su relación con Dios. Toda vez que su fe vacilaba, caía en errores. Ni Abrahán, ni alguno de nosotros tiene algo de lo cual enorgullecerse delante del Señor.Ciertamente el antiguo patriarca no podría haber sido justificado por sus obras, por cuanto su vida estaba llena de errores. Recordemos su mentira ante Faraón y el tomar a Agar como esposa por insistencia de Sara.
3 Pues ¿qué es lo que dice la Escritura? Que Abrahán le creyó a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia. Pero Abrahán se humilló ante Dios y creyó en Su Palabra. Al hacer esto permitió que el Espíritu de Dios reinara en su corazón y que captara la imagen del amor de Dios, de su misericordia y de su poder. De esta manera la justicia de Dios vino a habitar en él. Y como consencia de la presencia de Dios en su ser, hacía naturalemente las obras de Dios.Por eso Dios contó su fe como justicia. La vida diaria del patriarca daba testimonio de su fe y de la justicia de Dios.
4 Ahora bien, para el que trabaja, su salario no es un regalo sino algo que tiene merecido; Jesús dijo que el jornalero es digno de su salario. Es algo que él ha ganado y le pertenece por derecho. El patrón no le está regalando nada, sólo le está devolviendo lo que le debe; lo que el jornalero fue ganando hora a hora mientras trabajaba con esfuerzo bajo los rayos del sol durante el día.Si la justificación fuera como el salario del jornalero no tendríamos necesidad de Dios ni de su gracia.
5 pero al que no trabaja, sino que cree en aquel que justifica al pecador, su fe se le toma en cuenta como justicia. Pero si somos considerados justos sin haber hecho méritos, la justicia nos es dada por la fe, sin mérito alguno de nuestra parte. De esta manera, la justicia es un regalo inmerecido. Dios no nos debe nada. Por mucho que “trabajemos” no lograremos hacer méritos por cuanto todas nuestras obras siempre estarán contaminadas de egoísmo. Usando de la figura del jornalero, si sólo confiamos en nuestra justicia no estaríamos deshierbando el campo sino más bien sembrándolo de cizaña. Porque aunque tengamos el deseo de hacer el bien, nuestra naturaleza nos lleva a hacer el mal. A esto se referirá Pablo en el capítulo 7 de esta epístola.No hemos de confiar en nuestra justicia, que no existe, sino en la justicia de Dios, la cual nos es atribuida por la fe.
6 David también se refiere a la felicidad del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, Tratar de obtener la justicia por nuestro propio esfuerzo es un empresa imposible. Puede llevarnos a gloriarnos de nosotros mismos, si sólo tenemos un pobre sentido de la justicia; o a desesperar frente a nuestro continuo fracaso delante de la justicia de Dios, si tenemos una conciencia sensible a la diferencia entre el bien y el mal.Por eso, el recibir el perdón en forma gratuita de parte de Dios nos quita de encima una carga imposible de llevar y nos trae el gozo de una vida nueva en Dios.
7 cuando dice:  «¡Dichoso aquel cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos! 8 ¡Dichoso aquél a quien el Señor no culpa de pecado!» El Salmo 32: 1, 2 lo expresa claramente por boca de David. El hombre que ha sido librado de sus iniquidades y sus culpas por la gracia de Dios es realmente un hombre dichoso.La vida del que no halla paz por causa de remordimientos y culpas viejas está anclada a su pasado y no puede progresar, por cuando sus viejas faltas son grandes piedras en su camino que dificultan su avance. De más está decir que la fe debe ir acompañada de un arrepentimiento sincero y de un gran amor por la justicia de Dios. Si tal sinceridad puede caerse en la presunción, esto es, en la fe falsa, que consiste en reclamar la bendición sin cumplir las condiciones mediante las cuales es dada.
9 ¿Acaso esta dicha es solamente para los que están circuncidados, o es también para los que no lo están? Porque decimos que la fe de Abrahán se le tomó en cuenta como justicia. 10 ¿Cuándo se le tomó en cuenta? ¿Antes de ser circuncidado, o después? Antes, y no después. ¿Para quién es esta dicha de ser perdonado que tuvo Abrahán?¿Sólo para los judíos, por estar circuncidados? ¿O también para los paganos que no son circuncidados?         La experiencia de Abrahán es sumamente ilustrativa. La promesa se le hizo cuando aún no estaba circuncidado porque tuvo fe. Y la circuncisión vino después como un sello de la justicia que recibió por fe cuando todavía no estaba circuncidado.
Cronología breve de la vida de Abraham A la edad de 75 años: Sale de Harán. 

A los 80, aproximadamente: Después de la derrota de los reyes que habían atacado a Sodoma y las otras ciudades Dios hace pacto con Abram y le cuenta su fe por justicia.   A los 85 se llega a Agar.

 

A los 86 nace ismael.

 

A los 99 (Ismael tenía 13) Circunsición; renovación de la promesa. Más tarde ese año el Señor se le apareció con dos ángeles camino a Sodoma. Sara se ríe. El Señor dice que conoce a Abraham y sabe que mandará a sus hijos después de sí que guarden la palabra del Señor.

 

A los 100 Nace Isaac. Ismael tenía ya 14 años.

 

A los 103/104 Isaac es destetado siendo de 3 o 4 años de edad. Agar e Ismael son expulsados. Ismael tenía unos 17 o 18 años.

 

A los 120 Dios le pide a Abraham que sacrifique a Isaac. Isaac tenía 20 años. “Cuando Abraham recibió esta orden, tenía ciento veinte años.” (PP 127.) Este dato sólo se encuentra en el libro “Patriarcas y Profetas” de Elena White.

11 Entonces Abrahán fue circuncidado como señal, como sello de la justicia por la fe que tuvo antes de ser circuncidado. De esa manera, Abrahán es padre de todos los creyentes que no están circuncidados, a fin de que también a ellos la fe se les tome en cuenta como justicia. De esta manera, Abrahán es padre de todos, circuncidados y no circuncidados.              Es padre de todos los que con sinceridad creen en Dios sin atribuirse méritos. La bendición de la justicia es para todos los seres humanos sin diferencia.
12 Y también es padre de aquellos que, además de estar circuncidados, siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abrahán antes de ser circuncidado. Y es padre de los judíos que andan en sus pisadas. Los que creen como creyó Abrahán antes de ser circuncidado.Dios no hace acepción de personas.
13 Porque la promesa dada a Abrahán y a su descendencia en cuanto a que recibiría el mundo como herencia, no le fue dada por la ley sino por la justicia que se basa en la fe. La promesa no le fue dada a Abrahán por la obediencia a la ley –fruto de su propio esfuerzo humano– sino por la justicia que le fue atribuida cuando tuvo fe.
14 Pues si los que van a recibir la herencia se basan en la ley, la fe resulta vana y la promesa queda anulada. Si la justificación fuera por la obediencia a los mandamientos y ritos de la ley, ¿Para qué haría falta la fe? Y también, ¿Qué sentido tendría una promesa sin fe?Si alguien me promete algo, pero yo no tengo fe en el que promete, ¿De qué valdría la promesa? Si nunca he creído en ella puede ésta estarse cumpliendo al lado mío y yo ignorarlo por completo. Pero si tenemos fe en una promesa, la esperamos con interés. Contamos los años, los meses, las semanas y aun los días hasta que la promesa llegue. Las promesas de Dios sólo tienen valor para los que esperan en ellas con gran deseo y se preparan cada día para estar listos el día cuando las promesas se hagan realidad.
15 Porque la ley produce castigo, pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. La ley sólo señala lo que es malo y prescribe un castigo para el pecador. Pero si no hubiera ley no sabríamos diferenciar entre lo bueno y lo malo. Haríamos el mal sin saberlo y luego no entenderíamos las consecuencias del mal que habríamos hecho. Esto ocurre con las personas que no reconocen la ley de Dios. Viven tropezando y no saben con qué. Ilustración: Un amigo mío, de condición modesta, compró un día su primer automóvil. Tuvo que aprender a manejar. Todo era nuevo para él. Pocos días después me dio la triste noticia de que el motor se le había fundido y añadió con tristeza: “Nadie me había dicho que hay que ponerle agua en el radiador.” Mi amigo no conocía el “mandamiento” de poner agua en el radiador. Pero su sinceridad respecto de su ingnoracia no pudo evitar las lamentables consecuencias de su involuntario error. La ley es absolutamente necesaria para que sepamos lo que es malo a fin de evitarlo. Pero donde no hay ley tampoco hay transgresión. La ley no condena las obras buenas. Nadie es condenado por hacer algo bueno. De esta manera Dios usó de la misericordia. No hay ley ni mandamiento que prohiba la misericordia. La dádiva de la justicia no quebranta ninguna ley. Tampoco Dios está obligado a tener misericordia. El lo hace porque es bueno. Porque nos ama.
16 Por tanto, la promesa se recibe por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia, tanto para los que son de la ley como para los que son de la fe de Abrahán, el cual es padre de todos nosotros. La promesa se recibe por fe, de manera gratuita, de modo que se extienda a todos los descendientes, es decir, a los que creen como creyó Abrahán. En esto no hay diferencia, por cuanto todos: judíos o no, podemos creer en la promesa de Dios.
17 Como está escrito: «Te he puesto por padre de muchas naciones.» Y lo es delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no existen, como si existieran. Dios prometió que lo haría padre de muchas naciones. Eso es lo que Abrahán es delante de Dios, porque Dios puede dar vida a los muertos, de modo que puede llamar las cosas que no son como si fueran. Abrahán descansa en su sepulcro, pero para Dios está vivo, por cuanto el Señor puede resucitarlo en cualquier momento. El tiene la llave del sepulcro y de la muerte.
18 Contra toda esperanza, Abrahán creyó para llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Abrahán creyó en Dios a pesar de lo difícil que parecía a sus sentidos humanos que un hombre viejo y una mujer vieja conocida como estéril pudieran tener un hijo. Sin duda hubo luchas en su corazón pensando en cómo tal cosa podría ser posible.
19 Además, su fe no flaqueó al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (pues ya tenía casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Pero logró vencer sus dudas y creyó a Dios.              Este aferrarse a las palabras de Dios lo fortaleció en la fe. . .
20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en la fe y dio gloria a Dios,
21 plenamente convencido de que Dios era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. . . . al punto de quedar plenamente convencido de que Dios era poderoso para hacer todo lo que había prometido.
22 Por eso su fe se le tomó en cuenta como justicia. Esta fe hizo que Abrahán dejara de lado lo que veían sus ojos y pusiera toda su confianza en lo que Dios le revelaba. No tenía cómo demostrarlo y todas las apariencias iban en contra. Pero ante la disyuntiva creyó a Dios. O dicho de otra manera: quitó su visión humana, carnal y limitada y permitió que la revelación de Dios reinara en su corazón. Para él, la fe era más clara y evidente que la vista de sus ojos.
23 Y no solamente con respecto a él se escribió que se le tomó en cuenta, Esa fe de Abrahán es también válida para nosotros, los que creímos en Cristo.Creer en Cristo es creer en un amor infinito y poderoso para salvar al pecador. Es aceptar el don de la misericordia del Altísimo en el don de su Hijo Único. Es conmoverse al ver al Señor pendiendo de una cruz, maltratado por los hombres por cuyos pecados él moría. Es renunciar a lo que ven los ojos y creer de corazón y vivir de acuerdo a lo que nos muestra la fe.   Hebreos 11:17 “Por la fe, cuando Abrahán fue puesto a prueba, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su único hijo, 18 a pesar de que Dios le había dicho: «Por medio de Isaac te vendrá descendencia». 19 Y es que Abrahán sabía que Dios tiene poder incluso para levantar a los muertos; y en sentido figurado, de entre los muertos lo volvió a recibir.”
24 sino también con respecto a nosotros, pues Dios tomará en cuenta nuestra fe, si creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, nuestro Señor,
25 el cual fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación.

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