Un Camino en el Cielo

Fue cayendo la tarde.

El cielo se veía cubierto de nubes abigarradas y rojizas incendiadas por un sol decadente. Hacia el este, el arco iris claro y majestuoso apoyaba sus bases en la foresta empapada y se elevaba sobre un fondo gris plomizo. La noche venía cerrándose detrás de él. Había sido un día de intensa lluvia en el Delta. El viento del sudeste había hecho crecer los arroyos. Reflejos dorados destellaban sobre el agua hacia el poniente.

Subió entonces una niebla blanca que lo envolvió todo. Luego, al anochecer, la bruma fue cayendo pesadamente en el cauce del arroyo. Ya no llovía. Era tiempo de emprender el regreso. Mojados hasta los huesos y con frío bajamos a nuestra canoa isleña, arrancamos el motor y salimos.

La niebla era densa sobre el agua. Formaba una capa uniforme sobre toda la superficie como de metro y medio de altura. Cargada y fría nos empapaba más aún. Me puse de pie sobre la proa. Mi compañero–sentado en la canoa–tomó el timón.

Yo, con la cabeza fuera el manto de niebla, apenas podía ver sombras y siluetas vagas. ¿Hacia dónde vamos? Íbamos a chocar en cualquier momento con algún tronco flotante o algún barco anclado o el ramaje de la orilla. ¿Cómo podríamos guiarnos?

Levanté mis ojos al cielo. Entonces renació mi esperanza. Pude ver la silueta de las copas de los árboles recortándose débilmente sobre un firmamento ligeramente más claro. El contraste era mínimo, pero me permitía seguir el curso serpenteante del arroyo.

Navegamos así por unas horas, muy lentamente, temiendo chocar con algo cada minuto. Andábamos como perdidos en la noche y en la espesura del monte. Poco a poco fuimos llegando al poblado. Las luces de las primeras casas nos saludaban y nos mostraban el camino. La angustia terminaba. La Divina Providencia había trazado para nosotros un camino en el cielo.

Nuestras circunstancias pueden ser tan oscuras como aquella noche. Pero el Señor no nos dejará sin luz. Su lumbre puede parecer muy pequeña, y exigir de nosotros un esfuerzo máximo de fe. Pero brilla en el cielo, y aunque pequeña, nos sacará de las tinieblas y nos pondrá junto a Él en el esplendor de su gloria.

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