Capítulo 1

(Marzo 21, 2010 por Carlos Perrone. Revisado por el autor el 6 de junio de 2014)

 

Bosquejo de un estudio bíblico expositivo acerca de:

El Mensaje Central de la Biblia

Génesis 1-3.

Por Carlos Perrone

Tema central de este estudio: Todo lo que vemos y tocamos ha sido creado por Dios. Dios hizo todas las cosas perfectas en el comienzo. Nada malo provino de él. Pero la primera pareja eligió desobedecer a Dios y seguir un camino contrario. De esa manera entró el mal en el mundo y con él, la muerte. Pero Dios muestra su misericordia poniendo en marcha su Plan de Salvación para redimir al hombre.

Propósito: Elevar los pensamientos del estudiante hacia el Dios Santo que todo lo hizo perfecto y despertar el deseo de conocer más de su plan misericordioso de salvación.

Método: Usaremos una tabla a dos columnas en la que copiaremos el texto bíblico en la columna de la izquierda y los comentarios e indicaciones especiales en la de la derecha.

La extensión del texto es de tres capítulos. Usaremos sólo unos pocos versículos de los capítulos 1 y 2 y todos los del capítulo 3 (Versión Valera Contemporánea.)

Capítulo 1

Comentarios

1 Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra.

El primer versículo de la Biblia señala a Dios como el Creador de todas las cosas. Esta es la verdad fundamental de la fe, sin la cual todo el resto de las Escrituras no tendría sentido.

31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y todo ello era bueno en gran manera. Cayó la tarde, y llegó la mañana. Ése fue el día sexto.

Este pasaje –el último del capítulo 1– es de la mayor importancia: La obra creadora de Dios fue perfecta en su origen. No había pecado ni mancha de corrupción en la Creación cuando salió de las manos del Creador.

Capítulo 2

16 Y Dios el Señor dio al hombre la siguiente orden: «Puedes comer de todo árbol del huerto,

El Creador es también nuestro Señor y nuestro Juez. Su autoridad es idiscutible y su justicia es suprema. Tiene pleno derecho de juzgar y castigar al desobediente.

El hombre disponía de super abundancia de alimento. Dios le había dado el fruto de todos los árboles del huerto.

17 pero no debes comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque el día que comas de él ciertamente morirás.»

Dios se reservó sólo uno. El que estaba en el centro del huerto: el del conocimiento del bien y del mal.

Dicha prohibición tenía el propósito de enseñar a Adán su lugar en la creación: Tenía señorío sobre plantas y animales en la tierra, pero a su vez debía someterse al señorío de Dios.

Era necesario que Adán, Eva y sus descendientes tuvieran en claro el señorío de Dios a fin de asegurar la paz del universo entero.

Capítulo 3

1 La serpiente era el animal más astuto de todos los que Dios el Señor había creado. Así que le dijo a la mujer:

«¿Así que Dios les ha dicho a ustedes que no coman de ningún árbol del huerto?»

En el capítulo 3 aparece por primera vez la presencia de un enemigo. Se presenta bajo la apariencia de una serpiente que habla.

En los capítulos 1 y 2 nos limitamos a ver unos pocos pasajes que muestran a Dios como el Supremo Hacedor que todo lo hizo perfecto.

En el capítulo 3 veremos la acción de un enemigo decidido a quitar todo bien de la tierra por medio de la seducción y el engaño.

Aquí lo vemos tratando de cambiarle el color a las cosas e insinuar injusticia en Dios.

2 La mujer le respondió a la serpiente:

«Podemos comer del fruto de los árboles del huerto,

La mujer debía huir de la voz seductora. Pero se quedó allí y le prestó oídos.

Luego se atrevió a responderle, entrando así en diálogo con el enemigo.

3 pero Dios nos dijo: “No coman del fruto del árbol que está en medio del huerto, ni lo toquen. De lo contrario, morirán.”»

Le cuenta a la serpiente todo lo que Dios les había dicho en privado.

Eva cometió un grave error al dar cabida a las insinuaciones de la serpiente.

4 Entonces la serpiente le dijo a la mujer:

«No morirán.

Viendo la serpiente que la mujer la había hecho su confidente se atrevió a hablarle con osadía.

Aparentando intención de ayudarle, la serpiente niega lo que Dios dijo. . .

5 Dios bien sabe que el día que ustedes coman de él, se les abrirán los ojos, y serán como Dios, conocedores del bien y del mal.»

Y luego sugiere que el Señor tiene motivos egoístas detrás de ese mandamiento.

6 La mujer vio que el árbol era bueno para comer, apetecible a los ojos, y codiciable para alcanzar la sabiduría. Tomó entonces uno de sus frutos, y lo comió; y le dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió.

En el versículo 6 vemos el poder del pecado para cambiar la mente de una persona. El mismo árbol que era riesgo de muerte, ahora le parecía agradable y bueno.

Luego, habiendo recibido la mente del enemigo, fue y tentó a su marido.

7 En ese instante se les abrieron los ojos a los dos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entonces tejieron hojas de higuera y se cubrieron con ellas.

Pronto apareció el sentimiento de culpa por haber desobedecido a Dios. Se vieron desnudos.

Muy pronto trataron de resolver el problema con recursos humanos.

8 El hombre y su mujer oyeron la voz de Dios el Señor, que iba y venía por el huerto, con el viento del día; entonces corrieron a esconderse entre los árboles del huerto, para huir de la presencia de Dios el Señor.

Pero sus vestidos de hojas no funcionaron con su conciencia. Tan pronto oyeron la voz de Dios huyeron para esconderse de él.

9 Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo:

«¿Dónde andas?»

No obstante su desobediencia, Dios salió en busca del hombre.

10 Y él respondió:

«Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, pues estoy desnudo. Por eso me escondí.»

11 Dios le dijo:

«¿Y quién te dijo que estás desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que yo te ordené que no comieras?»

Dios dejó que Adán hablase acerca de su condición. Luego lo llamó a reflexión y le preguntó si acaso había desobedecido.

12 Y el hombre respondió:

«La mujer que me diste por compañera fue quien me dio del árbol, y yo comí.»

Adán muy pronto perdió el sentido del amor y quiso justificarse culpando a su mujer y a Dios por su transgresión.

13 Entonces Dios el Señor le dijo a la mujer:

«¿Qué es lo que has hecho?»

Y la mujer dijo:

«La serpiente me engañó, y yo comí.»

La mujer trató de descargarse de su culpa acusando a la serpiente.

14 Dios el Señor dijo entonces a la serpiente:

«Por esto que has hecho, ¡maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo! ¡Te arrastrarás sobre tu vientre, y polvo comerás todos los días de tu vida!

Dios no le pregunta nada a la serpiente, dando a entender que entre él y la serpiente no hay nada que discutir.

Sólo se dirige a ella para pronunciar una maldición.

15 Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón.»

Anuncia a la serpiente que un hijo de la mujer le aplastaría la cabeza, aún cuando lograría morderlo en el calcañar.

16 A la mujer le dijo:

«Aumentaré en gran manera los dolores cuando des a luz tus hijos. Tu deseo te llevará a tu marido, y él te dominará.»

La mujer sufriría consecuencias por su transgresión:

Sus partos serían dolorosos.

Sería dominada por su marido.

17 Al hombre le dijo:

«Puesto que accediste a lo que te dijo tu mujer, y comiste del árbol de que te ordené que no comieras, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

Por haber desobedecido a Dios al seguir las insinuaciones de su mujer, caería una maldición sobre la tierra y debería obtener su pan con dolor.

18 Te producirá espinos y cardos, y comerás hierbas del campo. 19 Comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado; porque polvo eres, y al polvo volverás.»

La tierra produciría cardos y espinas. Su trabajo por ganar su sustento se volvería agotador y finalmente moriría: volvería al polvo de la tierra. ¡Triste destino!

20 El nombre que Adán le dio a su mujer fue Eva, porque ella fue la madre de todos los vivientes.

21 Luego Dios el Señor hizo túnicas de pieles para vestir al hombre y a su mujer.

El Señor les quitó las vestiduras de hojas de higuera y le hizo túnicas de pieles.

Estas pieles implican la muerte de un animal del cual tomar la piel.

Ahora Adán y Eva se sentían vestidos ahora.

Vieron que era necesaria la muerte de un animal inocente para hallar paz.

Entendieron que ese animalito era símbolo del hijo de la mujer que derrotaría a la serpiente.

22 Y Dios el Señor dijo:

«Ahora el hombre es como uno de nosotros, pues conoce el bien y el mal. No vaya a ser que extienda la mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.»

El árbol de la vida les daría vida eterna si comían siempre de él. Pero Dios no quiso eternizar esa condición de pecado y desgracia sino ponerle un término misericordioso.

Por esa razón les prohibió llegar al árbol de la vida.

23 Entonces el Señor lo sacó del huerto de Edén, para que cultivara la tierra, de la cual fue tomado. 24 Echó fuera al hombre, y al oriente del huerto de Edén puso querubines, y una espada encendida que giraba hacia todos lados, para resguardar el camino del árbol de la vida.

Con indescriptible dolor para Adán y Eva y para el Señor mismo, Dios los sacó del huerto.

La historia de la humanidad no es otra cosa que el desarrollo natural de las consecuencias de la desobediencia. Habiendo perdido su pureza original, Adán y Eva no pudieron dar a sus descendientes una herencia mejor.

Pero de la descendiencia de la mujer vendría un Hijo que aplastaría la cabeza de la serpiente y libraría a los hijos de Dios.

En esta esperanza vivieron los siervos de Dios hasta hoy.

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