La Naturaleza del Pecado

La naturaleza misma del pecado es el engaño. Nunca el pecado se presenta como un agente destructor de la vida y de todo lo bueno. Le gusta presentarse como un agente benefactor. Como algo que hará la vida más significativa y feliz, aunque su camino se aparte un poco del camino de Dios. El fin del pecado es destruir la confianza en Dios.

Su disfraz–una mezcla de verdad y error–es tan cabal que muchos son engañados. Cubre su aguijón con un manto de pretendida justicia, en una astuta mezcla de lo falso con lo verdadero. Y los que no llegan al punto de aceptar el engaño y de negar al Señor, aún se quedan con dudas. Sólo viendo en la práctica los frutos del pecado con el correr del tiempo,bajo la luz de la Palabra de Dios, pueden llegar a discernir claramente el engaño.

Además el pecado es evolutivo. Crece de continuo. Tan pronto como un disfraz es descubierto, busca otro disfraz más sofisticado. El pecado lo penetra todo. Crece en sutileza y en poder destructivo cada día. En nuestro día el pecado es una ciencia que, bajo un disfraz u otros, se estudia aun en las universidades. La teoría de la evolución, por ejemplo, no es otra cosa que la rebelión contra Dios dicha con palabras científicas y supuestos hechos concretos. La sucesión de disfraces durante miles de años puede dejarnos la impresión de que ese juego de máscaras nunca terminará. Felizmente, la profecía nos dice que este cambiar de disfraces tendrá su final con la caída de la gran Babilonia y su división en tres partes. Ese será un hecho único en la historia. Nunca hasta ahora se ha visto que se le acabaran los disfraces al diablo. Pero está cercano el día cuando habrá vestido su último disfraz. Entonces vendrá el fin.

En los primeros tiempos de Adán el pecado estaba todavía en pañales. La muerte de Abel, por mano de Caín, destrozó el corazón de nuestros primeros padres más allá de lo que podemos entender o imaginar. El mundo era joven. Nadie había matado a nadie hasta entonces. Adán y Eva vieron, en el horror del momento, que su transgresión tenía consecuencias y alcances que jamás habían imaginado. Luego, ante sus propios ojos ocurrió una indescriptible corrupción de toda la raza humana. Adán vivió 930 largos y dolorosos años para ver la continua el irrefrenable corrupción de sus descendientes. Unos quinientos años después de Adán Señor tuvo que destruir la humanidad con un diluvio. Pero a Satanás no se le habían terminado los cartuchos. Tenía aún muchas balas en la bandolera. Han pasado desde entonces unos 4500 años y todavía le quedan algunos.

¿Juzgaría Dios al mundo sin haber aclarado primero todos los engaños satánicos a la vista de los hombres?
Ciertamente nos dio el Evangelio para iluminar las mentes respecto de los sofismas de Satanás y de la salvación provista por Dios. Por otra parte, el Señor quiere que el pecado se envenene a sí mismo por comer de sus propios frutos. A medida que el engaño rechace más y más la verdad; a medida que los hijos de Dios sean más y más menospreciados y arrojados fuera; se va quedando con menos y menos tela para hacerse disfraces. Llegará el día cuando el pecado habrá usado su último disfraz. Cuando ya no quede rastro de verdad en los corazones de los incrédulos, no tendrá de qué echar mano para engañar. Quedará totalmente desnudo ante los ojos despavoridos de los que confiaron en él. El desengaño de los desobedientes será indescriptible. Ninguna pluma humana es capaz de describir el vacío y la desesperación en que caerán esas pobres almas engañadas. Los que no recibieron la Palabra de Vida para ser salvos, verán desmoronarse delante de sus propios ojos todos los castillos y todos los ídolos que hicieron para engañar y ser engañados. Se verán desnudos ante la vista de un Dios santo y pedirán a las montañas y a las rocas que caigan sobre ellos y los oculten de la vista del Altísimo.

Pero los santos, felices junto a su Señor, ya no tendrán dudas de ningún tipo. La larga noche del pecado en la tierra habrá sido suficiente para confirmar para siempre su fidelidad a Dios y a su Palabra. La maldición no se levantará por segunda vez. El Universo entero habrá quedado libre del pecado para siempre. Una sola nota de rica armonía repercutirá en gozosa alabanza en todo el orbe para siempre.

“Toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora, esperando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios.”

La espera es larga y muy penosa, pero “el que ha de venir vendrá, y no tardará.”

¡Bendita esperanza es ésta!

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