El Tema del Sermón

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Algunas consideraciones generales

Un tema único

La búsqueda de un tema apropiado para nutrir la congregación es, en muchos casos, un duro trabajo. Se ha dicho que el predicador que tiene claro el tema de su sermón, ya tiene la mitad de su sermón.

Todo buen sermón debe girar alrededor de un tema o idea central.

Esta idea central es la verdad que debemos dejar clara en el corazón del oyente.

Un sermón que no tiene una idea central divagará de una cosa a otra y no dejará nada claro en la mente del que escucha.

La falta de una idea central revela descuido y falta de preparación.

Un colega mío solía contar su primera experiencia en la predicación, a poco tiempo de su conversión. Era tan grande su entusiasmo por la Palabra de Dios y tantas las nuevas verdades que giraban en su mente que pasó una hora tras el púlpito hablando de todo aquello.

Cuando la reunión terminó el pastor de la iglesia le dijo: No sé de qué les voy a hablar a los hermanos en adelante. ¡Tú has predicado ya todos los temas de la Biblia!

Recuerdo mis propios sermones del principio, antes de ir al seminario: eran una serie de temas encadenados que se sucedían uno tras otro. El verdadero objetivo de mi prédica era el último de los temas. Para llegar a él, creía que debía ir presentando toda una serie de temas breves con el objeto de—según yo pensaba—ir aproximándome al tema final.

El tener un tema único, y arrancar con él desde el mismo comienzo del sermón era una idea que no lograba entender. No me entraba en la cabeza. Creía que era necesario seguir un largo camino a fin de ir de lo conocido a lo desconocido. Con esfuerzo, y después de fallar en mis clases de homilética una vez y tener que repetir el curso, entendí que tales rodeos tenían sentido sólo en mi propia mente por la manera particular en que yo había recibido la verdad, pero no lo tenían en absoluto en el entendimiento y aprovechamiento de la congregación.

Jesús no andaba con rodeos. Iba al punto. Ayudándose con ilustraciones cautivantes llevaba a sus oyentes directamente a la verdad que quería enseñarles. Sus lecciones se grababan en la memoria y el corazón de sus oyentes.

Verdades de peso

Ahora bien: este tema central tiene que ser una verdad de peso. No gastes el precioso tiempo del sermón demostrando que la verdad es verdad o que Dios existe o que la Biblia es la Palabra de Dios. Estas son cosas que se aceptan por fe al conocer el pensamiento divino. Aprovecha tu tiempo, en cambio, para presentar el pensamiento divino, y la gente tendrá fe en la verdad, en Dios y en la Biblia. Así creí yo. No tuve necesidad de ciencia, ni de arqueología, ni de crítica bíblica, ni de conocer griego y hebreo para creer. Creí, simplemente, por el poderoso testimonio de la verdad contenida en las Escrituras. La Palabra de Dios da testimonio de sí misma. Deja que la Palabra presente su propio testimonio. Como dice Pablo en Romanos 10:17:”Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

La fe del oyente debe estar fundada en la inmaculada justicia y bondad de Dios, no en lo que los hombres opinan o han llegado a descubrir en relación con la verdad. La Biblia está por encima de todos los libros del mundo. No pongas la Biblia a juicio con lo que dice algún otro libro por allí. Cree tú mismo en la verdad, deja que la verdad domine tu corazón y predica con la autoridad que Dios te da, como lo hacía el Señor.

¿Deseas saber cuáles son los grandes temas de la fe cristiana? Lee con detenimiento Juan 1:1-18.

1 En el principio era el Verbo,
el Verbo estaba con Dios
y el Verbo era Dios.2 Este estaba en el principio con Dios.
El Verbo es coeterno con Dios, de su misma naturaleza divina.
3 Todas las cosas por medio de él fueron hechas,
y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.
Por medio de él fueron creadas todas las cosas.El el Creador de todo
4 En él estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
El es el origen y fuente de la vida.Nos dio vida a nosotros, y su vida es luz en nosotros.
5 La luz resplandece en las tinieblas,
y las tinieblas no la dominaron.
La luz de la vida en Cristo triunfa sobre las tinieblas
9 La luz verdadera que alumbra a todo hombre
venía a este mundo.
Cristo, la luz de la vida, descendió a este mundo de tinieblas.
10 En el mundo estaba,
y el mundo fue hecho por medio de él;
pero el mundo no lo conoció.11 A lo suyo vino,
pero los suyos no lo recibieron.
El mundo desconoció a su Creador.Aún los suyos (los judíos) lo ignoraron.
12 Mas a todos los que lo recibieron,
a quienes creen en su nombre,
les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
Adoptó como hijos a todos los que lo recibieron.
13 Estos no nacieron de sangre,
ni por voluntad de carne,
ni por voluntad de varón,
sino de Dios.
Sus hijos no son hijos de la carne, sino de Dios.
14 Y el Verbo se hizo carne
y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad;
y vimos su gloria,
gloria como del unigénito del Padre.
Se hizo carne, como nosotros, y pudimos ver a Dios en él.En él se manifestó la gloria, es decir: la justicia inmaculada de Dios.
16 De su plenitud recibimos todos,
y gracia sobre gracia,
Todos podemos recibir de su plenitud sin límite y gratuitamente.
17 porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
Moisés nos dio la ley, para que entendamos la diferencia entre el bien y el mal. Pero Jesús nos proveyó de su gracia y su verdad para que seamos perdonados y restaurados a su imagen.
18 A Dios nadie lo ha visto jamás;
el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre,
él lo ha dado a conocer.
Jesús es la única revelación del Dios eterno por cuanto él está en el mismo seno de Dios

Temas apropiados y temas que no lo son

Deja de lado temas tales como: “¿De qué largo deben llevar sus cabellos las hermanas?” “¿Podemos comer la carne del cerdo?” “¿Es lícito venir al culto divino en pantalones vaqueros?” “¿Qué versión de la Biblia es mejor, la Valera revisada del ’95, la del ’60 o la antigua versión?” “Una manera santa de pasar la Navidad” “La postura correcta durante la oración” “La música sincopada en el culto divino” “¿Es correcto usar tambores y platillos para acompañar la música en el culto divino? Estas cosas pueden tener su importancia en su debido lugar, pueden discutirse en estudios bíblicos o en una reunión para considerar las normas de vida cristianas o la liturgia de la iglesia, pero no tienen valor en la hora sagrada del culto divino.

Hay temas que pueden impresionar a la congregación, pero no añaden nada a su vida espiritual. Veamos algunos ejemplos: “Los rollos de Mar Muerto.” “¿Cuál es, Realmente, la Tumba donde fue Sepultado el Señor? “El Código de Da Vinci.” “Descubrimientos Arqueológicos Recientes que Afirman la Veracidad Histórica de la Biblia.” “¿Existen Seres Racionales en Otros Planetas?” “María, la Hermana de Lázaro ¿Es la Misma que Conocemos como María Magdalena? “¿Cuantos días pasó Jesús en la tumba?” “¿Dónde estaba Jesús a la hora sexta del viernes de la pasión, hablando con Pilato o siendo elevado en la cruz?”

Estos asuntos pueden parecer importantes al indocto y al neófito, pero no pasan de ser temas marginales. Pueden mencionarse de paso a modo de ilustración o aclaración si el desarrollo del tema lo hace necesario, pero el tiempo sagrado de la predicación nunca debiera dedicarse a dilucidar temas marginales. En mi prédica no dediqué ni medio minuto a combatir “El Código de Da Vinci” ni libro o película alguna que desfigure el carácter y la obra de Jesús. No busco mis temas en la cartelera de espectáculos, ni en los éxitos de librería, ni en las filosofías de moda. Los busco, sencillamente, en mi Biblia.

El tema debe orientarse al enriquecimiento espiritual de la congregación, no a la crítica de sus malas costumbres. El enriquecimiento espiritual lleva al alma fiel a acercarse más a Dios. Y así, al estar más cerca de Dios, descubrirá y aborrecerá sus malas costumbres y las cambiará.

Si ves que los miembros de tu congregación vienen faltos de higiene y desaliñados al culto, no prediques un sermón para decirles que son unos sucios y desordenados y que si no se bañan más a menudo y se cambian de ropa se van a ir todos al infierno. Eso sería frío legalismo que no salva. Recuerda que el Señor se compadeció del endemoniado gadareno y de muchos leprosos, pero nunca los reprochó por su aspecto deplorable. Más bien predícales acerca del inmenso precio que pagó Jesús por sus almas a fin de hacerlos nuevas criaturas en él. Diles que todos ellos son muy valiosos para Dios. Que cada uno es la joya más preciosa que tiene Dios sobre esta tierra. Esto elevará su estima propia en Jesús y ya no se permitirán representar mal al que los redimió con su sangre.

Si los procederes indebidos o faltos de verdadera sabiduría de algún miembro de tu congregación te preocupan, ve y habla a solas con él conforme a las instrucciones del Señor en Mateo 18. Nunca lo señales en tu sermón. Si el error fue cometido por la congregación como grupo, llámalos a una reunión administrativa y háblales con toda claridad para que corrijan su proceder. No les des palos desde el púlpito. En la hora sagrada del culto divino presenta el remedio de la Palabra de Dios sin alusiones personales. Tráeles una cantidad de buenos sombreros, y deja que se los prueben y que cada uno se lleve el que le quede bien. Nunca procedas con prepotencia tratando de encasquetarle a cada uno el sombrero que a ti te parece mejor. De esto se encarga el Señor.

Siempre habrá algún hermano o hermana sensible que irá a ti con la queja de que has usado hechos de su vida para ilustrar tu sermón. Asegúrate al máximo de que esta acusación nunca sea cierta en ti.

No necesitas tomar el tiempo del culto divino para predicar contra el tabaco, ni contra el alcohol, ni contra la droga. Puedes enseñar lo relativo a estos venenos en otra reunión acerca de la salud. En el sermón muéstrales a Cristo, cuyo poder puede librarlos de la esclavitud del tabaco, del alcohol y de la droga. Preséntales la Verdad que los hará libres. No hagas largas y prolijas descripciones del pecado. Cuídate de no ser ayudante de Satanás, dando a publicidad la maldad. Usa más bien ese tiempo para iluminar sus mentes con el conocimiento del poder de la gracia. Dales alimento bueno y sustancioso, de ese que abunda en la Palabra.

Primera aproximación al tema del sermón. Sentido de propósito

La idea de propósito debe primar en todo lo que hacemos para el Señor. Y esto es especialmente cierto en la preparación de un sermón. El tiempo del culto divino no debiera ser una ocasión para el lucimiento propio, sino para la salvación de las almas. Predicar implica una gravísima responsabilidad. De tus palabras puede resultar la salvación o perdición de un alma.

Un sermón incluye enseñanza y exhortación y debe tener un sentido eminentemente práctico. El agricultor ara y cultiva para obtener una cosecha. El minero cava para hallar el precioso metal. El pescador echa la red para obtener peces. El maestro de primer grado enseña las letras a los niños porque quiere que aprendan a leer.

Y nosotros predicamos. ¿Para qué predicamos? ¿Para entretener a los hermanos? ¡Dios nos libre de tal pensamiento! Predicamos para salvar almas del mal y encaminarlas con seguridad a la patria celestial. Si las almas no son atraídas a Cristo y la iglesia no prospera, algo anda mal con la predicación.

Necesitamos la mente de Cristo

Mira y considera tu congregación: ¿Qué ves en ella? ¿Gente bien vestida y gente mal vestida? ¿Hermanos cultos y hermanos ignorantes? ¿Miembros que diezman y miembros que no diezman? ¿Miembros talentosos y otros de pocas luces? Si es esto todo lo que ves, entonces no ves nada en absoluto. Estás ciego. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo.

El amor de Cristo en tu corazón tiene que llevarte a ver lo que vio Jesús en el endemoniado gadareno o en el impecable fariseo que ayunaba dos veces a la semana: Anhelos de salvación en uno e hipocresía en el otro. En Cristo debes ser capaz, como Pablo, de discernir la fe en el paralítico a las puertas de Listra, o la maldad del mago Barjesús en la Isla de Chipre.

Ahora bien, al mirar a tu congregación en el amor de Jesús verás que algunos hermanos sufren por la injusticia de otros, o por las consecuencias de sus propios pecados, o por alguna pérdida irreparable. Verás al joven que está sacando, paso a paso, sus pies del camino del Señor. Verás a la jovencita abusada; al viejo que quedó solo; al que vive en el infierno de los celos; al que, por seguir una fe legalista, no halla paz en su corazón; al que duda; al que teme; al que odia; al que ama. No importa si son educados o rústicos, ricos o pobres, talentosos o simples.

Todos ellos vienen a la iglesia buscando algo. Algo que no consiguen en el supermercado o en la tienda por departamentos. No necesitan que se les diga que el pecado es malo. Ya lo saben y sufren por ello. Vienen buscando un bálsamo para su mal, un remedio para su alma herida, un camino recto para sus pasos descarriados. Un motivo para sus vidas vacías. Si tienen pecados que ignoran, el Espíritu del Señor se los revelará. No necesitan de opiniones humanas, están hartos de ellas. Necesitan de las verdades sencillas pero poderosas de la Palabra de Dios, las que sólo encuentran en la iglesia. Y tú estás allí para darles lo que buscan.

Pensando de esta manera, busca con esfuerzo y oración cuál de esas grandes verdades que hemos mencionado sería la más oportuna en esta ocasión y aplícala a la necesidad que deseas suplir con tu sermón. Escribe luego para ti una frase que resuma esa verdad aplicada. Veamos algunos ejemplos:

-No debemos temer nada de este mundo, porque Nuestro Señor ha vencido al mundo.

-Oremos los unos por los otros. Dios se agrada de que hagamos así y nos da bendiciones abundantes.

-Debemos confiar en el Señor y no temer del pasado, del presente ni del futuro. Pasado, presente y futuro están al mismo tiempo delante de sus ojos. El es el único que puede guiarnos por el buen camino.

-No permitamos que la culpa nos destruya, tenemos un Salvador que nos ha librado de toda culpa.

-No necesitamos claudicar de nuestros principios cristianos para obtener alimento y abrigo. El Señor es dueño de todo y nunca dejará que nos falte si permanecemos fieles a El.

-Honremos siempre a nuestros padres terrenales, sean ellos buenos o malos. Si somos generosos en darles amor, cuidado y sustento, el Señor nos prosperará grandemente.

-Nuestro Señor es el creador de los cielos y la tierra, el que nos hizo y nos proveyó de todo lo necesario para la vida. Es único. No hay nadie mayor que él.

-El amor infinito, invisible y eterno de Dios se hizo visible a nuestros ojos mortales en la cruz del calvario.

-Por muy mal que procedamos, nunca podremos apagar el amor de Dios por nosotros.

-Sólo viviremos unos pocos años en este mundo a fin que de nuestra fe sea probada con fuego y purificada. Luego estaremos para siempre con el Señor.

-Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Debemos honrar al Señor cuidado de su templo en nosotros.

Y así podríamos llenar páginas y páginas de temas de fortalecimiento y enriquecimiento para la congregación.

Nota que en todas esas aplicaciones prácticas de las grandes verdades que puse como ejemplo, el Señor es siempre el centro y todo está referido a él.

Una vez que hayamos definido un tema general para nuestro sermón, debemos ir a la Escritura para ver qué dicen estas al respecto.

La búsqueda del texto apropiado será el objeto de estudio del próximo capítulo: El Texto Bíblico del Sermón.

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