Una Manera Interesante y Provechosa de Leer el Antiguo Testamento

Febrero 18, 2010 por Carlos Perrone | Editar

Por Carlos Perrone

Por años uso la Biblia y sólo la Biblia en mis devociones personales de la mañana. Comienzo por el Génesis, leyendo unos capítulos cada día, y termino con el Apocalipsis. Esta lectura pausada generalmente me toma más de un año. De esta manera la he leído un número de veces del principio al fin en el orden en que está presentada.

Últimamente comenzamos, mi esposa y yo, a leer juntos la Biblia en nuestro culto familiar al anochecer. Por alguna razón fuimos inducidos a leer la historia de Josías. La leímos en Reyes y luego en Crónicas. Seguimos leyendo hasta el cautiverio Babilónico y luego quisimos saber cómo les había ido a los judíos al regreso del cautiverio. De modo que leímos Esdras y Nehemías.

Yo leo y ella escucha. Me hace muchas preguntas y trato de responderlas, o de buscar la respuesta en la Biblia. A ella le encanta que yo le lea y le explique las historias y que le muestre cómo se relacionan con la historia de Israel y con los profetas.

De esta manera, muy naturalmente, vinimos a la idea de leer el Antiguo Testamento en forma cronológica, relacionando los escritos de los profetas con los acontecimientos políticos y sociales del momento. El resultado de esto es que estamos encontrando mucho más significado, tanto en los libros históricos, como en los libros proféticos, y estamos aprendiendo mejor la historia del pueblo de Israel.

Comenté este hecho con mi hija menor, Cecilia, y ella me dijo: “Qué bueno, yo también quisiera leerla de ese modo con David (su esposo). En estos días estamos terminando la lectura de la Biblia en forma continuada. Me gustaría volver a empezar en forma cronológica. ¿Podrías escribirme una lista de los libros en orden cronológico y enviármela por email?”

Le dije que sí, por cierto, y pensé, quizá a más de uno de mis lectores le guste también la idea. Y aquí estoy para compartirla contigo en Diálogo de Fe.

Los primeros libros de la Biblia, desde Génesis hasta 2 Reyes, están en orden cronológico. El libro de Ruth, que sigue al libro de Jueces, pertenece al período de los jueces, cuando todavía no había rey en Israel. El libro de Job, que viene más adelante, fue escrito por Moisés, junto con el Génesis, en el desierto de Madián mientras cuidaba de las ovejas de su suegro Jetro. Moisés escribe en Job la historia de un hombre anterior a él. El libro de Job puede leerse después de leer Génesis.

El libro segundo de los Reyes termina con la deportación de Judá a Babilonia. Los libros de las Crónicas, comienzan con una larga genealogía que toma nueve capítulos y entran al relato histórico en el capítulo 10 con la derrota de Israel por los Filisteos y la muerte del rey Saúl y sus hijos en el monte Gilboa. De allí la historia continúa hasta la deportación a Babilonia y menciona el decreto del rey Ciro el persa que autorizaba a los judíos a regresar a Palestina y a edificar el templo de Dios después de los setenta años de cautiverio. El final del libro segundo de las Crónicas coincide con el comienzo de Esdras. Este hecho, y otras consideraciones llevan a los eruditos a pensar que los libros de Crónicas, Esdras y Nehemías fueron escritos después del Exilio por el sacerdote y escriba Esdras.

Los libros de Crónicas contienen parte de los libros de Samuel y Reyes, pero no son una repetición, sino una reinterpretación de la historia ante el padecimiento de los judíos en el exilio a la luz de la Palabra de Dios. Tiene por objeto señalar cómo, la desobediencia de Israel, acarreó tanto desagrado de Dios y sufrimiento del pueblo. Al mismo tiempo muestra cómo la obediencia fue siempre recompensada por el Señor. Omite ciertos hechos relatados en Samuel y Reyes, no se ocupa de la historia del Israel del norte, sino sólo de Judá, y amplía otros pasajes históricos con el objeto de hacer más evidente ante el pueblo la guía y protección de Dios en todo tiempo.

Con el libro de Nehemías terminan las narraciones históricas del Antiguo Testamento. Nos queda ahora armonizar los libros de los profetas con la historia de Israel.

Hubo profetas en el tiempo de los patriarcas de y los jueces, pero no tenemos en la actualidad, nada escrito de parte de ellos. Sólo el libro de Job, escrito por Moisés y el de Ruth, probablemente escrito por Samuel, son parte de aquella época histórica aparte de los libros históricos.

Vienen luego los salmos de David. El libro de los salmos fue compilado por los judíos después del exilio, usando de antiguas colecciones que abarcan unos seis siglos. Entre ellos se encuentran muchos atribuidos a David. Su lectura podría alternarse con la lectura de la historia de David en 1 y 2 de Samuel y los primeros dos capítulos de 1 Reyes, como también 1 Crónicas.

Junto con la lectura de la vida de Salomón, hijo de David, en el libro segundo de Reyes y el segundo de Crónicas, podemos leer el libro de los Cantares, que Salomón escribiera en su juventud. Luego los libros de Proverbios y Eclesiastés, escritos en la madurez y vejez de Salomón, cuando desilusionado ya de las cosas de este mundo, procura compartir con nosotros aquello que es de verdadero valor en la vida.

Ahora bien, los profetas de los cuales tenemos testimonios escritos comienzan en tiempos de rey Uzías de Judá y del rey Jeroboam II de las diez tribus de norte o Israel. De pronto aparecen casi simultáneamente cuatro grandes profetas: Isaías y Miqueas en Judá y Oseas y Amós en Israel. Estos libros maravillosos pueden leerse alternativamente con la historia de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá y Jeroboam II, Zacarías, Salum, Manahem, Pekaía, Peka y Oseas reyes de Israel hasta la deportación asiria y la desaparición del Israel de norte. (Ver comentario sobre Jonás, más adelante.)

Continuamos leyendo la historia de Ezequías, Manasés, Amón y Josías en Reyes y Crónicas, y en tiempos de Josías encontramos a tres grandes profetas: Sofonías, Habacuc y Jeremías, este último con un largo ministerio que llega hasta los primeros años del exilio (si bien el profeta fue llevado por el pueblo a Egipto.) La profecía de Jeremías incluye también el libro de las Lamentaciones. (Ver comentario sobre Joel, más adelante.)

El profeta Daniel, que fuera llevado a Babilonia en el tercer año de Joacim (Daniel 1:1) comienza su actividad en la corte de Nabucodonosor siendo aún muy joven. Su fidelidad a los principios divinos le valió la bendición de Dios y la admiración del rey. En su juventud resuelve, por inspiración divina, el enigma del rey respecto del sueño de la estatua. En su vejez, en tiempos de Belsasar, Ciro el Persa y Darío de Media, recibe de Dios las grandes profecías relativas a los tiempos que vendrían, las actividades de Satanás y el fin del mundo con el triunfo del “Hijo del Hombre” y de “los santos del Altísimo.”

El libro de Daniel mira hacia el futuro. No se relaciona, como el de Ezequiel, con los acontecimientos que ocurrían en Jerusalén. Con todo, es evidente que en su ancianidad, en tiempos de los medos y los persas, tuvo gran influencia sobre Ciro y Darío de Media. Su enorme prestigio en la corte, le permitió crear una impresión positiva en Ciro acerca del Dios de Israel. Como resultado de esta impresión, seguramente, Ciro decretó que los judíos podían regresar a Jerusalén y reedificar el templo. Daniel no regresó a Jerusalén, seguramente debido a su edad ya muy avanzada, pero es posible que haya podido ver a Zorobabel y al primer grupo de repatriados salir de Babilonia.

En tiempos de Sedequías, poco antes de la deportación final a Babilonia, comienza la actividad profética del sacerdote y profeta Ezequiel en el exilio, probablemente transportado por Nabucodonosor en 597 ac, junto con toda la gente preparada de Jerusalén. Su mensaje, que comienza en el 593 ac anuncia la ruina total de Jerusalén ocurrida en el 587 ac y se extiende hacia el futuro.

Llegamos así a los libros históricos del regreso del cautiverio: Esdras y Nehemías. Estos libros abarcan un período de unos 106 años, desde el decreto de Ciro hasta el término de la segunda misión de Nehemías. Esdras fue contemporáneo de Nehemías. En la primera parte de este período histórico, en tiempos de Zorobabel profetizan Hageo y Zacarías. En la segunda parte, en tiempos de Esdras y Nehemías, profetizan Malaquías y Abdías. Más o menos en la mitad de este período ocurren los acontecimientos narrados en el libro de Ester. Este libro nos permite tener una idea de la vida de los judíos en la diáspora, es decir, en la dispersión. Esto es, los que se habían quedado en países extranjeros y no habían regresado a Jerusalén. Se presenta en Ester el dramático episodio vivido por los judíos de la diáspora y que diera origen a la fiesta de Purim.

Dos libros difíciles de ubicar cronológicamente son Joel y Jonás.

El libro de Joel no da detalles referentes al tiempo en que fue escrito. No menciona el rey que reinaba en ese tiempo, como lo hacen la mayoría de los profetas. No hay forma de asegurar una fecha. El Comentario Bíblico Adventista adopta, como la más probable, la suposición de que fue escrito en el siglo VII durante los primeros años de Josías.

Jonás, hijo de Amitai es, al parecer, el mismo Jonás hijo de Amitai que predijo la prosperidad de Israel que vendría en tiempos de Jeroboam II. Esto implica que habría sido contemporáneo o anterior a Jeroboam II. De ser así, su experiencia personal con Dios, que relata en su libro, habría ocurrido antes de las profecías de Oseas y Amós en el reino del norte y de las de Isaías y Miqueas en el reino del sur. Jonás era del reino del norte, de una ciudad llamada Gat-hefer que formaba parte del territorio de la tribu de Zabulón.

Con esto termina el registro histórico-profético del Antiguo Testamento.

Orden Cronológico de los libros del Antiguo Testamento, según los sucesos narrados en ellos.

Génesis

Job

Éxodo

Levítico

Números

Deuteronomio

Josué

Jueces

Ruth

1 Samuel y 1 Crónicas

Historia de David junto con los salmos atribuidos a David.

2 Samuel y 2 Crónicas

Historia de Salomón junto con Cantares (juventud de Salomón) y Proverbios y Eclesiastés (madurez y vejez de Salomón.)

Al llegar a Jeroboam II rey del Israel leer el libro de Jonás, luego Oseas y Amós.

Paralelamente con la historia de Uzías o Azarías rey de Judá (contemporáneo de Jeroboam II rey de Israel) leer Isaías y Miqueas.

Con la historia de Josías leer Joel, Sofonías y Nahúm.

Siguiendo la historia hasta el cautiverio leer Jeremías, Lamentaciones, Daniel y Ezequiel.

Regreso del cautiverio: Esdras y Nehemías.

Profetas de la primera parte del período post-exílico: Hageo y Zacarías.

Los judíos en la diáspora al promediar este período: Ester.

Profetas de la segunda parte del período post-exílico: Malaquías y Abdías.

Lectura del resto de los salmos.

Fin de la lectura cronológica del Antiguo Testamento.

(Sugerencia: Copia y pega este artículo en tu procesador de textos e imprímelo para tenerlo dentro de tu Biblia de modo que te sea útil al momento de leer en orden cronológico.)

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