9. Lo que hace pesado un discurso o un escrito

En principio diré que lo que hace pesado oír un discurso o leer un escrito es el afán del orador o del escritor por ser exhaustivo. Cuanto más exhaustivo, más pesado y aburrido.

Todo relato, toda explicación, son en sí mismos resúmenes del hecho relatado o del pesamiento expuesto. No puede decirse todo con las palabras. Una buena parte de lo representado no se dice ni se escribe. Y es justamente lo que no se dice ni se escribe lo que hace interesante el relato o la explicación.

Debemos decir o escribir sólo lo necesario para que el lector recree la escena en su imaginación dándole formas y colores que son propios –no del autor– sino del lector.

Veamos este ejemplo:

Llegó casi al anochecer. Triste. . . y con el caballo sudado”.

Hay en esta corta expresión muy pocas palabras. Pero aunque pocas, son suficientes para que nuestra imaginación escriba una novela en un segundo.

Hay tres palabras que apuntalan la escena: “anochecer”, “triste” y “sudado”.

Si queriendo enriquecer la descripción añadimos detalles acerca de la noche, de la tristeza y del sudor, sólo habremos quitado al lector el deleite de imaginarlo todo.

Sólo debemos evitar el ser tan parcos que no demos al lector suficiente información como para configurar la escena correctamente. Es de todo punto importante que el lector tenga los elementos escenciales que definen el carácter y trascendencia del hecho. Logrado esto, no debemos añadir más.

El Evangelio de Lucas: Un modelo de brevedad y claridad meridiana.

Lucas era médico. Hombre culto y de un hablar claro y al punto. No se desvanece en discursos decorativos sino que va al grano. Pero lo hace con una brevedad, una gracia, una sencillez y una profundidad admirables, dignas de ser imitadas.

Tomemos por ejemplo Lucas 1:5-7, al comienzo mismo del libro.

En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías, cuya esposa, Elisabet, era descendiente de Aarón. Ambos eran íntegros delante de Dios y obedecían de manera irreprensible todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Pero no tenían hijos, porque Elisabet era estéril y los dos eran ya muy ancianos. 

Este pasaje tan sencillo no es otra cosa que un obra maestra. Breve, sin rodeos, directo y admirablemente claro y amable. En sus pocas líneas el autor señala un hecho acaecido años atrás y pinta en rasgos esenciales el contexto histórico, identifica a los personajes, describe su carácter y presenta su gran pena: no tenían hijos.

Lucas usa sólo dos calificativos para sus personajes: “eran íntegros delante de Dios y obedecían. . .” y “los dos eran muy ancianos”. Y con ellos describe cabalmente el carácter y la condición de la pareja.

De aquí sacamos un principio para escribir un relato interesante:

Reducir la adjetivación al mínimo y evitar incluir detalles que no hacen a la esencia del asunto.

Un problema que encuentro a menudo al editar un escrito de otro, más si es un escritor novel o aficionado, es la abundancia de conjunciones.

Una conjunción es una palabra o un conjunto de ellas que enlazan una declaración con otra que le sigue. Por ejemplo:

Debía viajar ayer, pero el mal tiempo me lo impidió”.

Aquí vemos dos declaraciones separadas por la conjunción pero. En este caso la conjunción es “adversativa”, su función es avisar al lector que lo que sigue es contrario o diferente de lo que antecede.

Supongamos que no uso la palabra pero:

Debía viajar ayer. El mal tiempo me lo impidió.”

¿Se ha producido algún cambio de significado en la declaración? No. Sigue diciendo lo mismo, pero con una palabra menos.

El pasaje siguiente tiene una cantidad de conjunciones:

Nunca podré olvidar a Joaquín. Yo era un niño. El, en cambio, era ya mayor de edad. Era hombre pobre, por lo cual no pudo estudiar. Sin embargo no era un ignorante. Por el contrario, se esmeró tanto en su oficio que llegó a ser un maestro. Con todo, la gente no veía en él más que a un humilde carpintero. A pesar de esto, seguía empeñado en aprender.

Un día llegó a sus manos un violín, viejo y lleno de polvo, despreciable a la vista no obstante su noble origen. Joaquín no entendía nada de violines, y aún así se sintió cautivado por la belleza del instrumento. Por lo cual lo limpió y lo lustró con un poco con aceite de nuez. Y por si esto fuera poco, le hizo cuatro clavijas nuevas, ya que las originales se habían perdido. Así fue como decidió ir a la casa de música para comprarle cuerdas.

De modo que éste fue el comienzo de un romance entre Joaquín y el violín. Si bien no se veía a sí mismo como violinista, aún pensaba que podría construir violines. Además las circunstancias lo pusieron en contacto con violinistas de nota que le traían sus violines para que los reparara, conociendo su habilidad como carpintero. En consecuencia su destreza y conocimiento fueron en aumento hasta que, andando el tiempo, llegó a ser uno de los constructores de violines más notables de su país. Tras esto sus violines fueron subiendo de precio y su nombre llegó a conocerse de cerca y de lejos.

Trabajó en sus violines hasta que murió, a edad muy avanzada, por lo que pudo ver el éxito de su esfuerzo aunque no había tenido privilegios académicos”.

La dedicación de Joaquín, ha sido siempre una inspiración para mí aun cuando he tenido privilegios académicos y la posibilidad de estudiar siempre.”

La lectura de este pasaje no parece tener nada de extraño. Si fuera parte de un discurso oral podríamos pensar que las muchas conjunciones crean otras tantas pausas que dan al oyente un tiempo adicional para captar la idea. Pero no es así con la palabra impresa. El lector tiene el libro en la mano y puede leer el mismo pasaje cien veces. Pero la palabra hablada pasa muy fugazmente ante los oídos del oyente y ya no vuelve. Por eso al hablar podemos extendernos un poco más, y aun redundar, pero al escribir debemos ser breves y claros si esperamos que el lector mantenga la atención hasta el final.

El pasaje del ejemplo es una historia que inventé para el caso y la cargué de conjunciones a fin de hacer más gráfico lo que quiero decir.

Verás que en algunos casos las conjunciones son necesarias. En otros no hacen falta y constituyen un tropiezo para la lectura.

A continuación presento el mismo pasaje “redactado” por un redactor, el cual ha quitado todas las conjunciones innecesarias y ha cambiado algunas palabras del texto original:

Nunca podré olvidar a Joaquín. Yo era un niño. El era mayor de edad. Era hombre pobre. No pudo estudiar. Pero no era un ignorante. Se esmeró tanto en su oficio que llegó a ser un maestro. La gente no veía en él más que a un humilde carpintero. A pesar de eso, seguía empeñado en aprender.

Un día llegó a sus manos un violín de noble origen, viejo y lleno de polvo, despreciable a la vista. Joaquín no entendía nada de violines, pero se sintió cautivado por la belleza del instrumento. Lo limpió y lo lustró con un poco con aceite de nuez. Le hizo cuatro clavijas nuevas, ya que las originales se habían perdido. Decidió ir a la casa de música para comprarle cuerdas.

Este fue el comienzo de un romance entre Joaquín y el violín. No se veía a sí mismo como violinista, no obstante pensaba que podría construir violines. Además las circunstancias lo pusieron en contacto con violinistas de nota que le traían sus violines para que los reparara, conociendo su habilidad como carpintero. Su destreza y conocimiento fueron en aumento hasta que, andando el tiempo, llegó a ser uno de los constructores de violines más notables de su país. Sus violines fueron subiendo de precio y su nombre llegó a conocerse de cerca y de lejos.

Trabajó en sus violines hasta que murió, a edad muy avanzada. Pudo ver el éxito de su esfuerzo aunque no había ido a la escuela”.

La dedicación de Joaquín, ha sido siempre una inspiración para mí si bien he tenido privilegios académicos y la posibilidad de estudiar siempre.”

¿Has notado que la versión redactada es más clara y más fácil de leer? Si no lo has notado vuelve a leer las dos versiones pasados unos días.

Hoy he compartido contigo algunos secretos que hacen al oficio del escritor y del redactor. Espero que sean de ayuda para ti.

Si te interesa saber algo más acerca de las conjunciones puedes leer más abajo lo que enseña la Real Academia Española al respecto.

Con el mayor aprecio:

Carlos Perrone

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conjunción.  (Gramática). Palabra invariable que encabeza diversos tipos de oraciones subordinadas o que une vocablos o secuencias sintácticamente equivalentes.

~ adversativa.F. Gram. La que denota oposición o diferencia entre la frase que precede y la que sigue; p. ej.,pero.

~ causal. F. Gram. La que precede a la oración en que se motiva lo manifestado en la oración principal o en alguna predicación implícita; p.ej., porque.

~ comparativa. F.Gram. La que denota idea de comparación; p. ej., como.

~ completiva. F. Gram. La que encabeza oraciones subordinadas sustantivas; p. ej., que.

~ concesiva. F. Gram. La que precede a una oración subordinada que expresa una objeción o dificultad para lo que se dice en la oración principal, sin que ese obstáculo impida su realización; p. ej., aunque.

~ condicional.F. Gram. La que denota condición o necesidad de que se verifique alguna circunstancia; p. ej.,si.

~ coordinante. F. Gram. La que une palabras, grupos sintácticos u oraciones gramaticalmente equivalentes; p. ej., y, o.

~copulativa. F. Gram. La que coordina de manera aditiva una oración con otra, o elementos análogos de una misma secuencia; p. ej., y, ni.

~ distributiva. F. Gram. La que se reitera aplicada a términos diversos que se dan como opciones; p. ej., Tomando ora la espada, ora la pluma. Ya de una manera, ya de otra.

~disyuntiva. F. Gram. La que denota exclusión, alternancia o contraposición entre dos o más personas, cosas o ideas; p. ej., o.

~ final. F.Gram. La que, como que en algunos usos, o algunas locuciones conjuntivas como a fin de que, denota el fin u objeto de lo manifestado en la oración principal; p. ej., Vuélvete, que te veamos.

~ ilativa. F. Gram. Tradicionalmente, la que enuncia una deducción de lo que se ha manifestado; p. ej., La gente ha cerrado los paraguas, conque ha cesado de llover.

~subordinante. F. Gram. La que introduce palabras, grupos sintácticos u oraciones, subordinándolos a algún otro elemento del enunciado.

 

Diccionario esencial de la lengua española © 2006
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

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