¿Fue necesaria la cruz?

Una persona no creyente puede tener dificultades para entender la necesidad de la muerte vicaria de Jesús. Podría preguntarse: “¿Para qué todo este sacrificio, no bastaría a Dios perdonar al pecador mediante una simple declaración verbal? El mundo está lleno de guerras, crímenes, vicios destructores de la vida, pasiones del corazón que destruyen hogares, sentimientos de culpa que llevan a muchos a desesperar y a quitarse la vida. Pero, ciego como es, el hombre natural todavía se pregunta, ¿qué es eso de pecado? Y al considerarse a sí mismo se encuentra bueno, sin necesidad de salvación. Dirá ¿Salvación de qué? ¡Yo no estoy perdido!
Estas preguntas revelan la estrechez de miras del hombre natural en lo que se refiere al pecado. Es sólo por revelación del Espíritu Santo como el pecador llega a descubrir la inmensa malignidad del pecado. Es el Espíritu el que nos convence de pecado, de justicia y de juicio.

La gravedad de la transgresión se llega a conocer sólo por fe en la Palabra de Dios, es decir, sólo por revelación de Dios. Mediante la revelación divina, el nuevo creyente llega a preguntarse: ¿Qué es el pecado y cuán grave es la iniquidad para que su erradicación exija tan grande y cruento sacrificio?

La persona que ignora las cosas de Dios, pero que está siendo atraída a El, debe ser conducida a Cristo. Conociendo al Salvador, sus obras, su paciencia, y su perfecta santidad unida a un amor incomparable obrará cambios en su corazón. Su contacto con Cristo lo llevará a pensar  de una manera semejante a él. A poco, si es sincero, comenzará a admirar el carácter amoroso y sin mancha del Salvador. La luz que proviene del que es la luz que alumbra a todo hombre hará dolorosamente visible toda mancha de pecado y todo punto infectado del alma. Así comenzará el pecador a notar que el pecado es algo malo, muy malo, y que Dios no puede soportarlo en su presencia ni quiere ver a sus hijos viviendo en él.

Ahora será tiempo de presentarle las opciones que Dios tenía frente a la emergencia de la transgresión:

Un perdón meramente verbal aún con todo el derecho que pueda atribuirse a Dios de darlo, sólo habría servido para dar alas al mal y a tener en poco la ley, que es el trasunto del carácter de Dios ante los seres humanos.

Cumplir la ley sin más, destruyendo así a la humanidad, habría sido legal, pero muy inconveniente a causa de la naturaleza astuta y engañosa del pecado. La duda habría quedado sembrada en los corazones de los santos junto con el miedo. Duda y miedo son fundamentos falsos sobre los cuales es imposible edificar algo seguro. Dudas respecto de la justicia de Dios al destruir sin más a los pecadores. Miedo a servir bajo el gobierno de Dios, donde un error podría acarrear la destrucción total. La rebelión volvería a estallar en cualquier momento.

Pero no era posible dejar vivir a la humanidad pecadora. Los primeros capítulos del Génesis nos dicen cómo el pecado es un cáncer que se difunde y se agranda con el pasar del tiempo. El primer hijo de Adán fue el primer asesino. Y pronto los hombres llegaron a corromperse de tal manera que “el designio de los pensamientos de ellos era de continuo solamente el mal.” Por eso Dios tuvo que destruir a todos los habitantes de la tierra mediante un diluvio de cual sólo ocho personas se salvaron.

El pecado es mucho más que la transgresión de un mandamiento. Es una corrupción de la naturaleza del hombre que crea en él una avidez por seguir pecando cada vez más. Un perdón sólo de palabra sería como vaciar el recipiente de los desperdicios, para verlo otra vez lleno al día siguiente. Se necesita mucho más que un “te perdono”. Se necesita de todos los recursos de la omnipotencia para eliminar la muerte y crear una nueva naturaleza para el pecador.

Era necesario que toda la humanidad muriera. Carne y sangre no podrían heredar el reino de Dios. Pero ¿cómo dar muerte a la humanidad y todavía guardar una esperanza para ella? El maravilloso plan de la salvación previó la muerte de toda la humanidad en Cristo. En él todos hemos sido crucificados juntamente. “El que ha muerto ha sido justificado del pecado.” Si hemos muerto con Cristo ya hemos pagado en él la deuda de nuestro pecado. Ahora se nos abre un camino a la salvación. El Señor viene a ser un segundo Adán, el originador de una nueva humanidad. Y nos invita a recibir un nuevo cuerpo y una nueva mente, a ser nuevas criaturas en él. “Las cosas viejas pasaron. He aquí, todas son hechas nuevas.”

¡Oh maravillas del amor y la justicia de Dios: ser renacidos en Cristo, adoptados en la familia de Dios, hijos del rey de Universo!  Rico tema de meditación. El gozo eterno de los redimidos.

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