Mi Vida Hoy

No recuerdo cómo comenzó. Fue algo que nació al mismo tiempo en el corazón de mi esposa y el mío, y que se fue consolidando con la práctica. Creo que fue al tiempo de mi jubilación a principios del ’08 o quizá algo antes.

Sentimos el deseo de sentarnos a leer la Biblia al caer la tarde o siendo ya de noche. Así leímos una buena parte del Sagrado Libro en orden cronológico hasta llegar a los tiempos de Esdras y Nehemías. Yo leía en voz alta y ella escuchaba con gran interés. La lectura le sugería preguntas, y yo trataba de responderlas. Algunas de sus preguntas me sorprendían por lo originales e inusuales que eran a mis oídos. Ella, como mujer, esposa y madre, percibía detalles que a mí se me pasaban por alto. Esto le añadía más interés a la lectura.

Muchas veces sus preguntas me conducían a pintar el entorno geográfico y social de algún relato. Algunas preguntas me eran difíciles de contestar y me llevaban a investigar un poco. Esta mezcla de lectura y diálogo nos fue llevando a una mejor comprensión de tales pasajes y producía una impresión más profunda en nuestros corazones.

Luego, para variar un poco, decidimos leer algo de la Sierva del Señor. Tomamos el libro “Consejos sobre el Régimen Alimenticio” y leímos todo lo que se refiere a la alimentación en la familia. Leímos también “El Camino a Cristo,” porciones de “Patriarcas y Profetas” y de “Profetas y Reyes” y de otros libros inspirados como también de un libro muy interesante, escrito por un médico y consejero cristiano, acerca de la relación matrimonial.

Al comienzo nuestro hábito de leer juntos no estaba bien consolidado, de modo que por momentos y ante ciertas circunstancias lo perdíamos por un tiempo. Pero a poco regresábamos a él. Nos era difícil mantenerlo cuando estábamos de visita en casa de nuestros hijos o cuando ellos nos visitaban.

Tanto Ana María como yo, tuvimos que reconocer muy pronto que esas lecturas estaban obrando en nuestro corazón y efectuando nuevas convicciones y cambios. Con frecuencia éramos llevados por el Espíritu a reconocer errores nuestros del pasado. Y eso nos daba ocasión de digerir muchas cosas que habíamos tragado sin masticar en nuestro diario afán. Desacuerdos del pasado eran resueltos. Ofensas eran perdonadas. Malos entendidos aclarados. La paz del cielo se asentaba más y más en nuestros corazones.

A medida que el hábito se iba afirmando en nosotros, considerando los tiempos en que estamos viviendo, sentimos la necesidad de leer “El Conflicto de los Siglos,” a fin de prepararnos mejor para lo que vendrá. Fue la lectura continuada de este libro impresionante lo que sacudió fuertemente nuestro corazón, nos dio una nueva visión del mundo, de la fe y de nosotros mismos. Como nunca antes, el ejemplo de valor e inquebrantable perseverancia de hombres como Hus, Lutero, Zuinglio, los primeros adventistas, en contraste con la iniquidad de la bestia escarlata que tiene siete cabezas y diez cuernos, nos hizo sentir que nos faltaba mucho en nuestra experiencia espiritual para estar a la altura que demanda esta hora de la historia.

Yo leía en voz alta, y ella me escuchaba mientras armaba complejos rompecabezas de mil piezas. Le pregunté un día: “¿Cómo puedes escuchar mi lectura y armar tu rompecabezas al mismo tiempo? ¿No te distrae el estar buscando una pieza tras otra? Y ella me contestó: “Todo lo contrario, esto me ayuda a no pensar en otra cosa. De lo contrario, mi mente estaría divagando y me sería difícil seguir la lectura, o quizá me quedaría dormida.”

Con el tiempo noté que mi vista no resistía el esfuerzo. Por entonces nuestras lecturas de la noche se extendían por dos o más horas. No sólo mi voz se cansaba, sino que la visión se me tornaba turbia y me costaba distinguir las letras. Hace como treinta años perdí la vista de mi ojo izquierdo por causa del Glaucoma. Ahora mi ojo derecho está siguiendo por el mismo camino aunque, felizmente, a un paso muy lento y controlado con medicamentos. Debo ser muy cuidadoso con el esfuerzo que le exijo a mi ojo derecho.

Ya habíamos leído más de la mitad de “El Conflicto de los Siglos” a razón de un capítulo por noche cuando pensé que sería mejor oír la lectura del libro por otra persona. Así llegamos a www.ellenwhiteaudio.org. Nos tomó un pequeño esfuerzo acostumbrarnos al nuevo sistema y a la voz del lector, el Hno. Raúl Héctor Bustamante. Esta nueva manera no parecía prestarse tanto al diálogo como la lectura del libro mismo, por parte mía, pero dio descanso a mi vista. Y así, una vez acostumbrados, lo adoptamos como nuestro modo principal de oír la Palabra. Incluso añadimos el estudio de la Escuela Sabática en audio desde el sitio chileno: http://www.escuelasabática.cl .

Ahora que no tengo que leer, me distraigo a veces, o me da sueño. Por eso estoy tratando de tener algo en las manos mientras escucho, como hace Ana María. No me atraen los rompecabezas, pero sí el dibujo. El dibujar me mantiene despierto y atento.

Creo que a esta altura nuestro hábito se ha consolidado. Por las noches pasamos dos a tres horas oyendo la Palabra y últimamente hemos añadido una sesión más breve de estudio bíblico por la mañana, después del desayuno. Y estamos pensando extender esta costumbre a nuestros viajes en automóvil para visitar a nuestros hijos, usando nuestras computadoras portátiles, en las que hemos descargado La Biblia y otros libros en audio.

Los beneficios espirituales que hemos obtenido son increíbles. Hemos crecido en Cristo, y vemos bendiciones de Dios que se extienden a nuestros hijos y nietos. Y me mueve el deseo de compartir tales maravillas contigo.

El Espíritu estaba obrando fuertemente en nosotros haciéndonos ver nuestra realidad y guiándonos al arrepentimiento. Fuimos atravesados por dardos de convicción y nuestros ojos derramaron lágrimas. Pudimos ver nuestro egoísmo y nuestro amor a las cosas de este mundo. Comenzamos a descubrir cuántas veces Ana y yo habíamos obrado injustamente el uno para con el otro. En lo que a mí toca sentí dolor por las muchas veces que había sido innecesariamente severo con mi hijo y mis tres hijas. Mi orgullo de haber trabajado duro para criarlos y educarlos, se empañó de pronto ante la convicción de que no había pasado tiempo suficiente con ellos ni me había interesado en sus problemas y luchas personales. Pude ver con claridad, que tal conducta huraña les había producido indecible dolor. Todo esto yo no lo veía antes.

La lectura de un capítulo tras otro me traía frecuentemente a la memoria uno y otro error cometido en mi obra como pastor. Al compenetrarme más y más del pensamiento divino, fui desechando mi justicia propia y pude ver grave error donde antes creía ver virtud. Poco bien podía hallar a lo largo de mi vida. Experimenté en buen grado lo que Pablo llama “el dolor según Dios, que es para vida.” “Ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo sino de tristeza,” y a veces esa tristeza llega a ser en mí un dolor intenso.

Entendimos también cómo habíamos errado una y otra vez al valorar las cosas. A veces habíamos dado mucho valor a lo transitorio de este mundo al par que olvidábamos lo eterno de Dios. Comenzamos a preguntarnos si esto o aquello entre nuestras pocas pertenencias era realmente necesario. Nunca tuvimos mucho ni gastamos en lujos, pero aún así, ¿para qué acumular cosas tan sólo por verlas allí? Así fuimos regalando muebles, enseres, adornos, etc. y quedándonos tan sólo con lo realmente necesario y útil. De tanto en tanto, desechábamos más cosas. Después de habernos reducido al mínimo, todavía sentimos que tenemos de todo y nada nos falta.

También aprendimos a mirar mejor la naturaleza. Siempre nos gustó acampar. Pero ahora, estando retirados y necesitándolo como terapia a causa de nuestros achaques, pasamos cada año más tiempo al aire libre. El sol, el aire puro, la vista de la grama, los árboles y las flores, el agua del río, las nubes y la lluvia, el día y la noche, cobraron para nosotros un profundo significado a la luz de la Palabra. Aprendimos a leer en tales cosas el amor y la gracia de Dios.

Así nuestra vida ha venido a ser muy sencilla al par que muy activa. Nuestra alimentación: del todo natural. Sin carne, con muchas verduras y granos integrales y frutas. Yo hago el pan para la casa y lo comparto con mi hijo y su familia. Ana María prepara deliciosas ensaladas y platos sencillos y nutritivos. En mi casa no hay televisión por cable ni por antena. Sólo un viejo televisor de tubo sólo para mirar vídeos. No hay periódicos mundanos. No se oye música estruendosa ni inmoral, sino sólo música elevadora y cánticos de alabanza. Suelo decir que vivimos como dentro de un santuario (no de un monasterio.) No cambio mi pequeña vivienda por ningún otro lugar en el mundo.

Jamás estamos ociosos. Siempre tenemos algo que hacer. La lista de cosas pendientes parece más larga cada día. Hemos tenido que poner a un lado muchas cosas que soñábamos hacer, ante la realidad incuestionable de que nuestras fuerzas van declinando. Decidimos suprimir muchas actividades y planes para concentrarnos en lo que es realmente importante. Pusimos a un lado cosas tales como viajes de placer, espectáculos, eventos, asociaciones y clubes, entretenimientos fuera de casa y toda cosa que cuesta dinero y exige un esfuerzo mayor que nuestra capacidad. Muchos de nuestros viejos sueños se fueron desvaneciendo como la niebla de la mañana cuando sale el sol.

Finalmente nos quedamos con lo que creemos que es la esencia de nuestra vida: 1. Tiempo para Dios, en el estudio de su Palabra y la oración. 2. Tiempo para nosotros, como pareja. 3. Tiempo para nuestros hijos, sus cónyuges y sus hijos. 4. Tiempo para la obra de Dios, ministrando la Palabra y toda bendición de lo Alto. Y, en mi caso personal: 5. Tiempo para: el cultivo de la música (guitarra clásica.) La vida al aire libre. Ejercicio físico adecuado. Elaborar pan y pastas para la familia. Trabajos de carpintería y reparaciones caseras. Etc.

Nuestra vida es intensa, activa y feliz. Y todo esto tan sólo por haberle puesto más atención a la Palabra de Dios.

“No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

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¡Muchas gracias!

4 pensamientos en “Mi Vida Hoy

  1. La novedad de vida que estan experimentando es un clarísimo testimonio de que la palabra de Dios se manifiesta con poder y verdad. Si todos pudiéramos buscar la dirección del Espíritu con ese interés con que ustedes lo buscan, sabríamos que Dios es real y que quiere manifestarse a través de nosotros.

    Que el Altísimo siga manifestándose en su experiencia personal.

    Antonio
    MSOP – Perú

    • Muchas gracias por tus buenas palabras Antony.

      Creo que no puedo tener un mejor deseo para mis amigos que animarlos a edificar su propia santa rutina de estudio y oración.

      Ciertamente me agradaría muchísimo saber lo que otros hacen y compartir experiencias con ellos.

      El Señor te bendiga.

  2. Querido pastor, lo felicito a usted y a su esposa por sus decisiones espirituales. Sería precioso que todo el Pueblo de Dios viviese de esta manera.
    Aprovecho a contarle brevemente nuestro testimonio: Mi familia consta de mi esposa Celina, nuestro hijo Lemuel, de 14 años, y nuestra hija Mélody, de 10 años.
    Al igual que ustedes, nunca tuvimos televisión, ni queremos tenerla. No escuchamos radio, ni tampoco música del mundo.
    Cada mañana, cada uno de nosotros hacemos nuestro culto personal, leemos la Biblia y el Espíritu de Profecía. Luego nos reunimos todos alrededor de la mesa y hacemos el culto familiar. Cantamos dos himnos, oramos de rodillas, y leemos un capítulo de Proverbios, y vamos dialogando acerca de la enseñanza de cada versículo. Luego terminamos orando de rodillas.
    Al atardecer, hacemos nuestro culto familiar nuevamente, cantamos, oramos, y leemos el libro: Mensajes para los Jóvenes.
    Los domingos de mañana, yo les doy clases bíblicas para mis hijos, y también les doy tarea para que ellos busquen en sus Biblias durante la semana.
    Vivimos en pleno campo, y cada día hacemos huerta juntos. Tenemos sembrado una linda variedad de hortalizas.
    Es hermoso seguir el plan de Dios. En Eventos de los Últimos Días pág. 98 dice que “Los padres y las madres que poseen un pedazo de tierra y un hogar cómodo son reyes y reinas.”
    No es nuestra la tierra en la cual vivimos, pero alquilamos una casita en el campo, y allí vivimos.
    Es una preciosa bendición vivir así, e invitamos a todos los que lean estas líneas que hagan lo mismo.
    Personalmente me dedico a dar estudios bíblicos, y atiendo dos programas de radio, uno sobre vida y natural, y el otro sobre los Tiempos Finales que nos tocan vivir.
    He puesto mis grabaciones de programas radiales en Internet, y también sermones y estudios bíblicos. Los puede encontrar en mi Blog: http://www.tiemposfinalesdelapocalipsis.blogspot.com
    Para escribirme, mi correo electrónico es danielbaranow@yahoo.com
    Le saludo atentamente, su hermano en el ministerio de Jesús,
    Daniel Baranow.

    • Muchas gracias por su aporte, Hno. Baranov. Desde aquí puedo imaginar la belleza de esa vida sencilla delante del Señor que ustedes viven como reyes y reinas en medio de las riquezas inmensurables de la gracia de Dios. Ruego al Señor que muchos más sean inspirados por su ejemplo cristalino y se acerquen más a Dios. Un saludo afectuoso en Cristo para su preciosa familia.

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